Siguiendo el olor del
pan recién hecho llegaremos a
LA
TAHONA DE PEDRAZA, primera cita obligada, dónde
encontraremos, además del pan blanco, los deliciosos soplillos,
sublimes en lo ligero y delicado de su textura. Además de
sus magdalenas, rosquillas, pan de naranja y delicias similares.
Frente a la imponente mole del castillo está el
HOTEL
DON MARIANO en cuya amplia cafetería podrás
chuparte los dedos con su chocolate con picatostes mientras eres
observado por los orondos personajes de Botero.
En la plaza mayor se encuentra
LA
TABERNA, donde aún pueden beberse chatos de vino clarete,
tan peculiares en la Ribera del Duero, conservados en viejos pellejos
y sorprenderse de la utilización de las tachuelas doradas
para decorar cualquier hueco.
En la misma plaza y en frente está
CREPUNDIA,
un mimo de juguetería donde puede encontrar los juguetes
de su infancia como la muñeca mariquita Pérez y divertidos
artilugios de hojalata.
En
COSAS y en
LA
BIGORNIA encontraremos objetos antiguos de lo más
variado a los que Jose, un artesano apasionado del hierro y la madera,
ha sabido dar de nuevo utilidad. Así, es fácil ver
allí desde un viejo arado romano convertido en pie de lámpara
hasta una estufa de leña antigua que ahora hace las veces
de mesa auxiliar.
Y de vuelta a la Casa del Serrador y frente a ella está
ATALANTAR
que significa agasajar, atender al foráneo. Con este nombre
es el lugar idóneo para proveerse de las más delicadas
viandas.
Después de este recorrido, podrá sentarse a descansar
entre las fresquitas paredes de piedra de
LA
CASA DEL SERRADOR o asomarse al balcón para ver la
vida pasar.